Pocas personas pueden hablar de la transformación de la aviación desde una perspectiva tan prolongada como Víctor Moneo. Su trayectoria profesional ha transcurrido durante más de tres décadas vinculada al transporte aéreo, desde sus años en Aviaco hasta las diferentes responsabilidades que ha desempeñado en Iberia, pasando por agencias y turoperadores, aeropuertos, la dirección de ventas en España y Latinoamérica y, actualmente, la Dirección Global de Ventas y Acuerdos Estratégicos.
Desde su responsabilidad actual tiene bajo su ámbito las ventas de Iberia a nivel mundial, además de los acuerdos estratégicos de la compañía. Una posición que culmina, hasta ahora, un recorrido profesional que le ha permitido conocer la aviación desde perspectivas muy distintas y complementarias.
Ha vivido desde dentro algunos de los mayores cambios experimentados por la aviación y por el propio turismo: la transformación de la distribución, la digitalización, la aparición de nuevos modelos de compañías, la evolución del viajero y un mundo cada vez más conectado.
En Sinergia Skål hemos querido aprovechar esa experiencia para mirar hacia adelante. Hablamos con Víctor Moneo sobre el futuro de la aviación, la tecnología, la sostenibilidad, la conectividad y la competitividad turística, pero también sobre todo lo que ha cambiado desde que comenzó su carrera y sobre aquello que, después de tantos años, continúa ilusionándole.
Han pasado más de 120 años desde el primer vuelo de los hermanos Wright. ¿Qué representa hoy la aviación más allá de ser simplemente un medio de transporte?
La aviación se ha convertido en un gran motor que todo lo mueve y sin cuya existencia la evolución y los avances de la humanidad no habrían sido posibles, al menos al frenético ritmo de este último siglo.
El avión no es solo ese medio de transporte que nos permite desplazarnos de un lugar a otro en menos tiempo que por carretera, ferrocarril o mar. Es mucho más. La aviación es progreso; es esa herramienta que nos permite conectar personas, conocer otras culturas, disfrutar de unas vacaciones en lugares a los que no hubiésemos accedido por otros medios y comenzar a disfrutarlas en tiempo récord.
Pero, además, es un generador de riqueza. Hoy no entendemos hacer negocios sin tomar un avión, porque este nos aporta agilidad, inmediatez y flexibilidad.
Aviación y turismo parecen haber evolucionado siempre de la mano. ¿Hasta qué punto depende hoy la competitividad de un destino de su conectividad aérea?
Allí donde se abre una nueva ruta aumenta la accesibilidad de un destino, se multiplican los intercambios económicos y se crean nuevas oportunidades para hoteles, restauración, comercio, cultura y servicios.
En un mundo cada vez más interconectado, el transporte aéreo no es únicamente una forma de desplazarse: es una infraestructura estratégica para la competitividad de los territorios.
Sin embargo, el futuro de la aviación no consistirá simplemente en transportar a más pasajeros. Consistirá en hacerlo mejor: con mayor eficiencia, una experiencia más sencilla, una red más útil para el cliente y un modelo progresivamente más sostenible.

Y también está cambiando el pasajero. ¿Cómo es ese nuevo viajero al que tendrá que responder el sector?
Es más digital, está más informado y es más exigente. Compara alternativas, busca sencillez durante todo el proceso de viaje y espera una experiencia cada vez más personalizada.
Al mismo tiempo, las fronteras entre turismo y viaje profesional son más flexibles: muchos desplazamientos combinan trabajo, ocio, gastronomía, cultura o experiencias locales. Esto obliga a aerolíneas, aeropuertos y destinos a entender el viaje como una experiencia integrada y no como una suma de servicios independientes.
Inteligencia artificial, biometría, automatización… ¿hasta qué punto cambiará la tecnología nuestra experiencia de viaje?
La tecnología será decisiva en esa transformación. La inteligencia artificial, la biometría, la automatización y el uso inteligente de los datos permitirán anticipar necesidades, reducir fricciones, mejorar la gestión de incidencias y ofrecer propuestas más relevantes para cada viajero.
El aeropuerto del futuro será cada vez más fluido y la relación entre cliente y compañía será más continua antes, durante y después del vuelo.
Junto a la tecnología aparece inevitablemente uno de los grandes retos del sector: la sostenibilidad. ¿Cómo puede seguir creciendo la aviación y reducir al mismo tiempo su impacto ambiental?
La aviación tiene ante sí el desafío de seguir conectando personas y economías mientras reduce progresivamente su impacto ambiental.
La renovación de flotas, la eficiencia operativa, una gestión más eficaz del espacio aéreo y, especialmente, el desarrollo de los combustibles sostenibles de aviación serán elementos fundamentales.
En Europa, el reglamento ReFuelEU Aviation establece una incorporación mínima de combustible sostenible de aviación —SAF— del 2 % desde 2025, porcentaje que irá aumentando progresivamente hasta alcanzar el 70 % en 2050.
La transformación será compleja y requerirá inversión, innovación, disponibilidad de combustible a escala y colaboración entre aerolíneas, fabricantes, proveedores energéticos, aeropuertos y administraciones.
¿Corremos el riesgo de identificar sostenibilidad únicamente con reducción de emisiones?
La sostenibilidad debe entenderse también en un sentido más amplio. Un turismo sostenible no es únicamente aquel que reduce emisiones. Es también el que genera valor económico y social en el destino, favorece la desestacionalización, distribuye mejor los flujos de visitantes y contribuye al desarrollo del territorio.
Y en este punto, la conectividad aérea puede convertirse en una poderosa herramienta de planificación turística.
Hablemos de la Costa del Sol. ¿Qué supone para un destino turístico disponer de una conectividad como la que actualmente ofrece Málaga?
La Costa del Sol es un excelente ejemplo. El Aeropuerto de Málaga-Costa del Sol cerró 2025 con más de 26,7 millones de pasajeros, un 7,4 % más que el año anterior. De ellos, más de 22,2 millones correspondieron a conexiones internacionales.
A ello se suma una red que alcanza actualmente los 166 destinos, según la programación publicada por Aena. Son cifras que reflejan mucho más que el éxito de una infraestructura: muestran el extraordinario grado de integración internacional alcanzado por Málaga y su provincia.
Para la Costa del Sol, disponer de una conectividad sólida y diversificada es, por tanto, un activo estratégico. Facilita la llegada de visitantes procedentes de sus principales mercados europeos, pero también abre la puerta a nuevos mercados de mayor distancia y mayor potencial de gasto.

¿Mejor conectividad significa necesariamente conseguir cada vez más rutas directas?
Si ese fuera nuestro único objetivo, caeríamos en la utopía por falta de operadores, de rentabilidad y de estabilidad de la demanda.
Debemos plantearnos, en paralelo, optimizar la conectividad en hubs mayores, garantizando eficiencias en tiempos de conexión, sencillez y fluidez en los tránsitos, así como unos horarios y frecuencias adecuados. Tan importante es lo uno como lo otro.
Por ello, uno de los grandes desafíos de los próximos años será avanzar desde una visión basada únicamente en el volumen hacia una estrategia basada en el valor de la conectividad.
¿Qué significa exactamente pasar del volumen al valor de la conectividad?
No todas las rutas tienen el mismo impacto. Será cada vez más importante identificar qué mercados ofrecen mayor potencial, qué conexiones pueden ayudar a reducir la estacionalidad y dónde existen oportunidades para desarrollar nuevos tráficos de largo radio o mejorar la conectividad a través de los grandes hubs internacionales.
Hay una idea especialmente interesante en tu reflexión: «el viaje no termina en el aeropuerto». ¿Qué nos falta todavía para entender el viaje como una experiencia completa?
La conectividad no termina cuando aterriza el avión. Para que el beneficio turístico sea completo debe existir una buena integración entre aeropuerto, transporte terrestre, oferta hotelera, servicios, digitalización y experiencia en destino.
Competir por el viajero del futuro significa ofrecerle una experiencia coherente desde que empieza a planificar su viaje hasta que regresa a casa.
Con todo este escenario por delante, ¿cuáles son los principales obstáculos que pueden condicionar el desarrollo de la aviación durante los próximos años?
La disponibilidad de aviones y motores, la capacidad aeroportuaria, la gestión del espacio aéreo, los costes asociados a la transición energética, la incertidumbre geopolítica y la necesidad de contar con infraestructuras preparadas para una demanda creciente condicionarán la evolución del sector.
Pero precisamente en esos desafíos aparecen también grandes oportunidades: innovar, cooperar mejor y construir modelos de crecimiento más eficientes.
Si tuvieras que resumir en una idea hacia dónde vamos, ¿cómo imaginas el futuro de la aviación y su relación con el turismo?
El futuro de la aviación será tecnológico, sostenible y cada vez más centrado en el cliente. Pero, sobre todo, seguirá siendo un futuro basado en conectar: conectar ciudades, empresas, culturas, familias y oportunidades.
Para destinos como la Costa del Sol, fortalecer esa conectividad no es únicamente una cuestión de transporte. Es una estrategia de competitividad turística, económica y social.
En los próximos años, los destinos que mejor comprendan esa realidad estarán mejor preparados para competir en un mercado global.
Porque, en turismo, estar bien conectado significa estar más cerca del mundo. Y, en un escenario de creciente competencia entre destinos, esa cercanía puede marcar la diferencia.
Has vivido profesionalmente varias décadas de transformación de la aviación. Si miras hacia atrás, ¿qué cambio te parece más difícil de imaginar para aquel Víctor Moneo que comenzaba su carrera en el sector?
En efecto, han sido muchos los cambios; yo diría que el sector se ha transformado completamente, aunque sin perder su esencia. La digitalización ha sido un factor esencial de cambio, como lo han sido todas las medidas de sostenibilidad que las aerolíneas estamos adoptando, el papel determinante de las agencias de viaje, con una multicanalidad cada vez más presente, las nuevas formas de distribución y, por tanto, la puesta al día de los GDS, el mayor expertise del viajero y, últimamente, la IA, cuyo impacto empezamos a ver de manera muy relevante.
Has pasado por áreas muy diferentes: agencias y turoperadores, aeropuertos, ventas en España y Latinoamérica, alianzas y, ahora, la responsabilidad global de Ventas y Acuerdos Estratégicos. ¿Qué te ha enseñado ese recorrido sobre las personas y sobre la forma de hacer negocios?
He tenido la gran suerte, y me siento muy orgulloso por ello, de haber tenido la oportunidad de conocer diferentes y muy diversas áreas de Iberia, y todas ellas con un gran aporte de valor en su conjunto. En Comercial/Ventas, saber competir de una manera leal con otras compañías, y también mantener unas excelentes relaciones con las agencias de viaje durante tantos años, donde cada una de las partes respetaba el papel que jugaba la otra. En la etapa de Aeropuertos, conocer bien el mundo de la operación; “oler queroseno” cada día te descubre otra óptica de lo que es una compañía aérea, que a veces desde el ámbito comercial no tenemos tan presente. En mi paso por Alianzas, descubrir el valor que tus socios pueden proporcionarte y el que tú puedes ofrecerles a ellos, el famoso win-win. En fin, todas ellas han sido muy enriquecedoras, porque lo importante es estar siempre dispuesto a seguir aprendiendo y no creer que ya lo sabes todo.
Después de tantos años vinculado a la aviación y al turismo, ¿qué sigue consiguiendo ilusionarte de este sector?
Creo que los que trabajamos en este sector somos unos afortunados; no conozco a nadie que reniegue de su trabajo ni de las satisfacciones que te genera. A mí me sigue apasionando poder contribuir a que unas vacaciones empiecen con buen pie, a que una empresa consiga hacer más eficiente su política de viajes, a que personas que no se ven desde hace tiempo puedan hacerlo, a conectar territorios y, humildemente, aportar mi granito de arena a la riqueza y el valor que ello representa.
Y para terminar: cuando dejamos a un lado Iberia, los aviones, las rutas y los aeropuertos, ¿cómo es Víctor Moneo? ¿Qué cosas te hacen disfrutar cuando termina la jornada?
Familia y amigos. Compartir buenos ratos con ellos es un factor fundamental para estar bien, equilibrado y con buen tono. Soy un tipo muy normal, disfrutón, a quien le gusta viajar, leer, hacer ejercicio y mantener buenas conversaciones con gente diversa.
Creo que ser una persona positiva es fundamental para ser feliz y contribuye a que la gente que te rodea también se sienta bien. No hay muchos más secretos.