Uno de los últimos bastiones de lo personal frente a lo impersonal

— Juan Vázquez —
Juan Vázquez Presidente nacional de Skål International España

Juan Vázquez se define como «el eterno aprendiz». Inquieto por naturaleza, reconoce que nunca está plenamente satisfecho con lo conseguido porque siempre piensa que podía haber hecho más o hacerlo mejor. Esa necesidad permanente de aprender, cuestionar y mejorar ayuda a entender también su manera de afrontar la presidencia nacional de Skål España.

Su llegada al turismo no respondió a un plan trazado de antemano. Llegó, como él mismo reconoce, por azares del destino. Tampoco Skål apareció como una decisión calculada: un almuerzo, una segunda visita y la sensación de que aquellas paredes guardaban un enorme conocimiento terminaron convirtiendo una casualidad en una parte importante de su vida profesional y personal.

Desde la presidencia nacional defiende una organización más próxima a las necesidades reales de los socios y capaz de convertir su extraordinaria diversidad profesional en conocimiento, colaboración y oportunidades. En esta conversación, Sinergia Skål recorre al profesional, al skålega y, sobre todo, a la persona que hay detrás del cargo.

Antes de hablar del presidente de Skål España, ¿quién es Juan Vázquez?

Una pregunta difícil de contestar en primera persona, ya que la visión que se tiene de uno mismo siempre está distorsionada. Profesionalmente soy una persona muy inquieta. Sabedor de que desconozco mucho más de lo que conozco, mi gran preocupación es no dejar de aprender y aplicar aquello que he aprendido en todos aquellos escenarios donde pueda aportar mejora. Quienes tienen relación conmigo saben lo exasperante que puedo llegar a ser. Podríamos resumirlo como «el eterno aprendiz».

Llegaste al turismo casi por azar. ¿Quiénes han sido especialmente importantes en tu trayectoria?

En el mundo del turismo he tenido la suerte de conocer a grandes personas que me han aportado mucho. Hoy estoy aquí gracias a Enrique Cibantos, quien me ayudó en mi primer gran proyecto, no solo compartiendo su conocimiento sino infundiéndome confianza en que podía hacerlo; Ángel Carazo, quien me dio la primera oportunidad de dedicarme a la gestión de alojamientos; la familia Sevilla Rodríguez, quienes me ayudaron a establecerme definitivamente en el sector; José María Úbeda, quien me empujó para que diese un paso más dentro de Skål y me ayuda en mi día a día; Clemente Torras, quien me abrió las puertas de Skål fuera de Málaga; y José María Yagüe, que lamentablemente ya no está entre nosotros y me aportó la confianza necesaria para creer que podía aportar a Skål más de lo que yo pensaba. Sin ellos hoy no estaría en la Costa del Sol ni en Skål.

Desde fuera solemos ver los éxitos. ¿Has vivido momentos en los que realmente dudaste sobre qué camino seguir?

Los inicios siempre son difíciles, sobre todo teniendo en cuenta que mi formación inicial y mi trayectoria profesional no estaban relacionadas con el turismo, al que llegué por azares del destino. Han sido varios los momentos en los que me planteé que posiblemente mi futuro no estuviese relacionado con la actividad turística, pero, cuando ya parecía que debía buscar nuevos horizontes, aparecía un cambio que me permitía seguir. Una de las primeras decepciones fue el primer gran proyecto estratégico que aspiraba a contribuir al cambio que necesitaba el destino y terminó durmiendo en el cajón de una mesa de la Administración Pública. No todas las satisfacciones profesionales provienen de la remuneración económica: cada proyecto lleva algo de ti y, si se trunca, provoca la misma decepción que un fracaso personal.

¿De qué te sientes verdaderamente orgulloso profesionalmente?

Nunca estoy satisfecho con lo que hago, por lo que no estoy especialmente orgulloso de nada de lo que he hecho hasta ahora. Visto de forma retrospectiva siempre pienso que podía haber hecho más y que lo que hice lo podría haber hecho mejor.

¿Cómo entró Skål en tu vida y qué hizo que te quedaras?

Llegó por casualidad. Me invitaron a un almuerzo en el Club y ahí conocí a algunos de los socios. Pasaron unos meses y volví al Club una tarde, donde la conversación con los socios fue más pausada y distendida. A partir de ahí comencé a frecuentarlo hasta que me hice socio. Lo que me hizo quedarme fue la sensación de todo el conocimiento que guardaban las paredes y que estaba ahí, a disposición de cualquiera que quisiese preguntar.

¿Qué impresión te produjo aquel primer almuerzo?

Estaban los socios más veteranos del Club y la sensación era la de un grupo de personas que se conocían desde siempre, que se reunían por el placer de verse y que, lejos de marcar la distancia a la que tenían derecho por su trayectoria profesional, te trataban como si fueses un amigo más. Esto, que puede parecer normal en ciertos ámbitos, no era lo que yo había vivido en otros entornos, por lo que me produjo un gran impacto.

¿Cuándo Skål dejó de ser una asociación a la que pertenecías y se convirtió en algo por lo que estabas dispuesto a asumir responsabilidades?

Desde casi los comienzos. Skål guarda mucho conocimiento que está a disposición de quien quiera preguntar, pero en aquellos momentos pasaba desapercibido. Pensé que había llegado allí por azar, pero que igual que lo conocí podía no haberlo conocido y, en consecuencia, haber perdido la oportunidad de enriquecerme como profesional. Algo así no podía quedar en manos del azar y debíamos trabajar por darlo a conocer.

Llegar a la presidencia nacional implica dedicar muchas horas y tomar decisiones que no siempre agradarán a todos. ¿Por qué decidiste hacerlo?

Por lo que hago todas las cosas: pienso que se pueden hacer de otra manera y que nadie va a venir de fuera a cambiarlo. Si creo que puedo aportar, me remango y me pongo manos a la obra. Obviamente nada de eso se puede hacer sin un equipo que te apoye y te ayude a llevar tus ideas a cabo, no solo trabajando para ponerlas en marcha, sino, lo que es más importante, cuestionándolas y proponiendo otras mejores.

Desde tu experiencia empresarial, ¿cuál es la brecha que observas entre la teoría de la gestión y la realidad cotidiana del sector turístico?

Existen dos problemas básicos. Por una parte, la teoría clásica pone en el centro a la empresa y, a partir de ahí, configura un producto que persigue maximizar la rentabilidad. La gestión actual requiere poner en el centro al cliente, sus necesidades y preferencias, y configurar un producto que las satisfaga. No se trata de crear el producto que al empresario le agrada, sino el que al cliente le agrada. El otro problema es la continua evolución del sector, que requiere agilidad y huye del encorsetamiento burocrático. Administración y mercado van a ritmos distintos. La Administración debe ser soporte, ayuda y garantía; no puede convertirse en una rémora que lastre la actividad.

¿Dónde está el equilibrio entre profesionalizar la gestión y mantener la capacidad de reacción que exige el turismo?

Profesionalizar no significa estandarizar. Un profesional es quien conoce el sector en el que trabaja y eso es lo que le permite estandarizar determinados procesos, no al revés. Quien está al frente de una empresa no solo supervisa protocolos: debe estar pendiente de cualquier cambio para reaccionar con agilidad. Para conseguirlo hacen falta conocimiento, tiempo para observar el sector —algo imposible si la burocracia te absorbe— y un equipo igualmente formado e implicado.

Tecnología e inteligencia artificial están transformando el sector. ¿Hasta dónde pueden llegar sin perder la parte humana?

La tecnología es una herramienta extraordinaria, pero no es la solución por sí misma. Primero tenemos que saber qué necesitamos y después buscar la herramienta que nos ayude. La inteligencia artificial transformará tareas y procesos y nos dará acceso a mucha más información, pero hay aspectos que no puede sustituir fácilmente: la relación personal, la confianza, la capacidad de entender realmente lo que necesita otro profesional o un cliente y, en definitiva, la capacidad de improvisar. En un sector basado en experiencias, las personas seguirán siendo fundamentales.

Equipo de trabajo en oficina con pantallas y mapas digitales.
Equipo de profesionales en una reunión de planificación en una oficina moderna con vista a la ciudad.

Skål reúne profesionales de ámbitos muy diferentes. ¿Puede esa diversidad convertirse en una herramienta real para el sector?

Sin duda. La experiencia del turista comienza cuando tiene en mente realizar un viaje y no termina nunca, porque incluso después del regreso continúa con recuerdos y contactos. No podemos centrarnos solo en la parte del servicio que ofrece cada uno; tenemos que conocer y cuidar toda la cadena. En Skål tenemos socios de las distintas actividades del sector: agencias, hoteles, transporte, turoperadores, instituciones, servicios, formación… Cada uno vive una parte diferente. Cuando compartimos ese conocimiento, todos aprendemos. No se trata únicamente de hacer contactos; se trata de generar conocimiento y oportunidades a partir de esos contactos.

Participantes en evento internacional en Málaga con mapa mundial y estadio en el fondo.
Participantes en una conferencia internacional en Málaga, interactuando y compartiendo ideas en un entorno moderno y luminoso.

Has dicho que «la organización debe dejar de ser una carga y convertirse en un aliado». ¿Qué significa exactamente?

El principal problema es común a muchas organizaciones: la desconexión entre los objetivos de la directiva y los intereses de los socios. Si queremos que el Club sea atractivo, que los socios se impliquen y que las acciones funcionen, debemos conseguir que se sientan identificados no solo con la Asociación, sino con las iniciativas concretas. La falta de tiempo hace que el socio delegue en la Junta y, al cabo del tiempo, termine sintiendo distancia. Como se dice en las relaciones personales, la convivencia hace el cariño. Sin esa convivencia continua es muy difícil sentir la conexión entre la Asociación y las necesidades profesionales de cada socio.

¿Estamos perdiendo parte de la cultura empresarial basada en el contacto personal?

Tenemos más canales de comunicación que nunca y, paradójicamente, muchas veces menos tiempo para hablar cara a cara. El contacto personal sigue siendo imprescindible, especialmente en turismo. Una conversación, una comida, un encuentro profesional o una recomendación pueden generar una relación empresarial difícil de conseguir únicamente a través de una plataforma digital. Recuperar el valor de las relaciones profesionales no significa volver al pasado; significa incorporar lo mejor de esas relaciones a las nuevas formas de hacer negocios.

Si un profesional del turismo de 35 años te preguntara «¿para qué necesito Skål?», ¿qué le responderías?

Para sentirte escuchado. Antes o después necesitarás que alguien escuche tu proyecto, lo entienda y te dé una opinión basada en su experiencia, más allá del estudio de balances, cuentas de resultados y vías de financiación. Eso es el verdadero apoyo, que no consiste solo en decirte: «adelante, tú puedes».

Profesionales en networking en evento de la Red Internacional de Málaga.
Participantes en un evento de networking de la Red Internacional de Málaga, compartiendo ideas y contactos.

¿Qué turismo te gustaría encontrar dentro de diez años?

Un turismo más integrado en el entorno en el que se desarrolla, considerado como una industria y no tanto como algo de lo que todos hablan y dicen lo importante que es a nivel socioeconómico, pero que en la realidad ni respetan como industria ni conocen como actividad. Un turismo que se centrara en lo que siempre fue: la vía en la que se hacen realidad los sueños de los turistas y no tanto «la vaca» a la que todos intentan ordeñar. Para lograrlo necesitamos trabajar juntos.

¿Cuál es tu prioridad como presidente nacional?

Que la organización pueda aportar al sector en general y al destino en particular todo ese conocimiento que atesoran sus socios y que, a buen seguro, contribuye a un desarrollo exitoso y sostenible. Quiero que cuando un profesional piense en Skål piense en personas, oportunidades, conocimiento y colaboración. Tenemos una red extraordinaria y una historia muy importante detrás. El reto es convertir todo ese patrimonio en valor para el presente y para el futuro.

Presidir una organización nacional también tiene un coste personal. ¿Qué supone para ti?

Supone que parte de tus días de vacaciones los destinas a compromisos de la Asociación; que parte de tu tiempo libre lo dedicas a asistir a eventos a los que se invita corporativamente a la Asociación; y que otra parte la dedicas a apoyar eventos que se desarrollan en los Clubes. Hay algunos disgustos que te podías haber ahorrado, pero todo esto, que si se hace por obligación no tiene sentido, cuando se hace porque te sientes a gusto donde estás, lejos de pesar, se convierte en un disfrute.

Después de tantos años de turismo y de Skål, ¿qué sigue consiguiendo ilusionarte?

Que cada día es un día distinto que te pone a prueba. Mi motivación principal es el reto continuo.

Cuando termine tu etapa como presidente nacional, ¿qué te gustaría que tus compañeros dijeran de Juan Vázquez, no del presidente?

Me gustaría que en su agenda personal tuviesen un nuevo amigo, que supieran que siempre pueden contar con él y con el que quedar simplemente por el gusto de vernos.

Y si tuvieras que definir Skål en una sola frase, ¿cuál sería?

Uno de los últimos bastiones que quedan en la lucha por la preeminencia de lo personal frente a lo impersonal.