Argimiro Martínez: salvar las viñas de Manilva para conservar un paisaje y una forma de vida

Argimiro Martínez observa una copa de vino blanco en los viñedos de Nilva, con Manilva y el Mediterráneo al fondo.
Argimiro Martínez
Director de Nilva Enoturismo

Enoturismo, territorio y Moscatel de Alejandría frente al Mediterráneo

NILVA ENOTURISMO nació con un objetivo que va mucho más allá de elaborar vino: recuperar las viejas viñas de Moscatel de Alejandría de Manilva y convertir ese patrimonio vitícola en una experiencia que une paisaje, cultura, vino, gastronomía y turismo.

En Voces Skål conversamos con Argimiro Martínez sobre un proyecto que demuestra cómo la conservación del territorio puede convertirse también en una oportunidad para el destino y cómo el enoturismo en Manilva puede contribuir a mantener vivo un paisaje que forma parte de la identidad de Manilva.

Manilva ha estado históricamente vinculada a la viña. ¿Qué representa realmente la Moscatel para este territorio?

La Moscatel de Alejandría forma parte de la identidad de Manilva. Durante generaciones, la viña ha modelado nuestro paisaje y ha estado vinculada a la economía y a la forma de vida de muchas familias. Por eso, cuando hablamos de conservar las viñas no estamos hablando únicamente de agricultura o de vino: hablamos de preservar una parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio.

NILVA señala que una parte muy importante de las viñas ha desaparecido en las últimas décadas. ¿Cómo se llega a una situación así?

La falta de relevo generacional y la presión urbanística que ha experimentado esta zona de la Costa del Sol han provocado una transformación enorme del territorio. Las dos burbujas urbanísticas, la de la década de 1990 y la del periodo 2001-2006, hicieron desaparecer alrededor del 70 % de las viñas.

Mantener una viña exige esfuerzo y tiempo, y su rentabilidad es baja para los agricultores. Con el boom urbanístico, una viña pasó a verse como un posible solar urbanizable. El precio del suelo llegó a multiplicarse: de unos 4-5 euros por metro cuadrado como suelo agrícola a 50-60 euros por las expectativas urbanísticas.

Actualmente calculamos que ha desaparecido alrededor del 80 % de las viñas y las que todavía perviven están en serio riesgo. Precisamente por eso tienen un valor todavía mayor y creemos que merece la pena luchar por conservarlas.

¿En qué momento decides que había que hacer algo y nace el proyecto NILVA?

Soy originario de Hellín, en Albacete, y llegué a la Costa del Sol en 2004. Tras la crisis económica de 2008 me quedé desempleado. En 2011, por mi formación como ingeniero agrónomo, fui contratado por la Junta de Andalucía como profesor de la Escuela Taller Viñas de Manilva, para formar en vitivinicultura a un grupo de jóvenes desempleados.

Durante los dos años del curso pude conocer a fondo el territorio y fui consciente de la riqueza patrimonial, histórica y paisajística que representan las viñas de Manilva. Me llamó especialmente la atención que la población local hablaba con orgullo de sus viñas, pero siempre en términos de pasado. Nadie hablaba de su futuro; parecían darlas por perdidas.

Cuando terminó la Escuela Taller decidí que no podíamos dar por perdido el sector. Todavía quedaban suficientes viñas para intentar recuperarlo y merecía la pena luchar por esta joya agronómica: viñas de Moscatel sobre tierras albarizas frente al Mediterráneo. En 2013 se propuso al Ayuntamiento de Manilva una concesión para explotar el CIVIMA, la microbodega y la viña del Peñoncillo. En 2014 creé NILVA ENOTURISMO SL, que resultó adjudicataria de la concesión.

Vuestro proyecto combina recuperación del viñedo, elaboración de vinos y enoturismo. ¿Por qué era importante unir esas tres dimensiones?

NILVA ENOTURISMO nació ya con vocación turística y con el objetivo de salvar las viñas de Manilva. Cuando estudiamos el mercado vimos que en España existe una oferta enorme de vinos y que competir únicamente con una nueva referencia era una tarea difícil.

Pero Manilva está en plena Costa del Sol. El enoturismo puede aportar una alternativa al turismo de sol y playa, ayudar a desestacionalizar la oferta y ofrecer nuevas experiencias entendiendo la viña y el vino como parte de un territorio.

Una botella se puede degustar, pero la experiencia adquiere otra dimensión cuando conoces de dónde procede, paseas por la viña, comprendes el paisaje y descubres la historia que existe detrás de esa copa. Si además puedes hacerlo entre viñas con vistas al Mediterráneo, la experiencia resulta inolvidable.

¿Qué encuentra una persona que visita NILVA y CIVIMA?

Visitantes degustando vinos de Nilva con el Mediterráneo al fondo en Manilva
El enoturismo de Nilva permite descubrir los vinos de Manilva entre viñedos y con vistas al Mediterráneo.

Queremos que conozca el proyecto de una manera completa y comprenda la relación entre Manilva, su paisaje y la Moscatel. En el CIVIMA puede descubrir la historia, el presente y el futuro de la vitivinicultura manilveña a través de sus salas de Viticultura, Enología y Vendimia.

En el mismo edificio está la microbodega NILVA, donde elaboramos vinos blancos secos con Moscatel de Alejandría. Finalmente se visita la viña del Peñoncillo, donde se degustan los vinos acompañados de tapas mientras se disfruta de las vistas al Mediterráneo.

Estamos en plena Costa del Sol, uno de los grandes destinos turísticos internacionales. ¿Puede el enoturismo ayudar a descubrir una Costa del Sol diferente?

Sin duda. La Costa del Sol es conocida especialmente por el turismo de sol y playa, pero existe también un territorio, una agricultura, unos pueblos y unas tradiciones que forman parte de su identidad. El enoturismo permite acercarse a esa otra dimensión del destino y ofrece una experiencia muy vinculada a lo local.

Además, puede desarrollarse durante buena parte del año y complementa perfectamente otros productos turísticos. En Manilva se da la doble circunstancia de disfrutar de un destino de sol y playa y, al mismo tiempo, vivir experiencias enoturísticas más asociadas tradicionalmente a zonas de interior.

¿Puede el turismo convertirse realmente en una herramienta para ayudar a conservar las viñas?

Estamos totalmente convencidos de que sí. Para conservar un paisaje productivo es necesario que exista también una actividad económica capaz de sostenerlo. Cuando el visitante conoce la viña, prueba sus vinos y entiende el esfuerzo necesario para mantener ese patrimonio, estamos generando valor alrededor de ella.

El turismo puede hacer que conservar una viña tenga sentido no solo cultural y medioambiental, sino también económico. Esa idea —que el turismo puede salvar las viñas de Manilva— está en el corazón de nuestro proyecto. Por este concepto, NILVA ENOTURISMO recibió en 2019 el premio Skål Internacional de Turismo Sostenible.

Estamos hablando precisamente durante la vendimia. ¿Qué significa este momento del año para vosotros?

Vendimia en los viñedos de Nilva en Manilva con el Mediterráneo al fondo
La vendimia culmina meses de trabajo en unas viñas que forman parte del paisaje y la identidad de Manilva.

La vida del agricultor es dura, a veces bastante ingrata, generalmente poco rentable y está a merced de variables que no puede controlar, como la meteorología. Pero si amas el campo, es ilusionante ver crecer y desarrollarse cada año los nuevos racimos. La vendimia supone la culminación de todo el esfuerzo realizado durante meses.

Cuando miras las viñas que todavía sobreviven en Manilva, ¿eres optimista sobre su futuro?

Lo que ocurre en Manilva es contradictorio. NILVA nació en 2014 y, pese a que la viticultura llevaba siglos implantada aquí, fue la primera bodega legal de la historia de Manilva. Después se han creado nuevas bodegas, algunas impulsadas por alumnos de cursos de formación que he impartido. Actualmente hay cuatro bodegas y una quinta en proceso de creación. Desde ese punto de vista, la elaboración de vino parece tener un futuro optimista.

Sin embargo, el abandono de las viñas continúa y cada año se pierden varias. No existe relevo generacional y muchas parcelas tienen un elevado valor patrimonial o potencial inmobiliario para sus propietarios. La velocidad de desaparición de las viñas es muy superior a la capacidad de recuperación que pueden aportar las nuevas bodegas.

Un estudio realizado en colaboración con la Universidad de Córdoba y el Consejo Regulador de las D.O. Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga ha identificado los suelos asociados a estas viñas como albarizas, un tipo de suelo muy especial y vinculado también a zonas vitícolas como Jerez y Montilla-Moriles.

Para garantizar la conservación de las viñas de Manilva creo que es necesaria la protección legal de esos suelos de albariza para impedir su urbanización. Aunque desaparecieran algunas viñas viejas, si el terreno queda protegido se podrían replantar nuevas viñas y mantener su uso agrícola.

Dentro de veinte años me gustaría ver un pequeño pueblo blanco, Manilva, situado sobre sus colinas y rodeado de viñedos que descienden suavemente hacia el Mediterráneo; viñas cultivadas por una nueva generación bien formada que combine viticultura, elaboración de vinos exclusivos y enoturismo, orgullosa de preservar el legado histórico, natural y paisajístico recibido de sus antepasados.

Y para terminar: alguien llega por primera vez a Manilva y visita NILVA. ¿Qué te gustaría que recordara cuando regresara a casa?

La inmensa mayoría de quienes nos visitan son internacionales y desconocen la realidad vitivinícola de Manilva. Después de unas dos horas de visita, su visión del territorio cambia completamente.

Me gustaría que recordaran la autenticidad, la honestidad y la pasión por lo que hacemos. Somos una empresa muy pequeña, formada por dos personas, intentando sacar adelante un proyecto que contribuya a salvar las viñas de Manilva.

El pasado no podemos cambiarlo, pero todavía estamos a tiempo de conservar una parte importante del patrimonio que subsiste. Por eso intentamos implicar también al visitante. A través de iniciativas como el apadrinamiento de una cepa de la viña del Peñoncillo, muchos se convierten en parte activa del proyecto.

Lo que más nos motiva es que cada visitante pueda regresar a su país convertido en un embajador de NILVA y, de alguna manera, contribuya a garantizar el futuro de las viñas de Manilva.