Creadora de Los 1001 Viajes, Paola Pinilla ha recorrido 79 países y ha convertido su experiencia viajera en un puente entre Chile, España y las personas.
Entrevista de Juanjo Oliván
Paola Pinilla ha hecho del viaje una forma de mirar el mundo y de acercarse a las personas. Nacida en Chile, formada entre Barcelona y Zaragoza y vinculada familiarmente a Andalucía, encontró en la Costa del Sol el lugar desde el que unir dos territorios esenciales en su vida.
Ingeniera civil industrial y profesional procedente del ámbito financiero, la pandemia marcó un cambio de rumbo que la llevó a convertir su pasión por viajar en un proyecto profesional. Así nació Los 1001 Viajes, una iniciativa basada en el conocimiento directo de los destinos, la escucha y el diseño de experiencias personales.
Después de recorrer 79 países, Paola defiende un turismo construido desde la autenticidad, la confianza y el contacto humano. En esta conversación habla de Chile y Andalucía, del nuevo significado del lujo, de sostenibilidad, de relaciones profesionales y de lo que ha encontrado en Skål International Málaga-Costa del Sol.
Entre Chile, España y la Costa del Sol
Paola, naciste en Chile y has desarrollado una parte importante de tu vida en España. ¿Cómo ha sido ese recorrido personal y profesional que terminó vinculándote tan estrechamente con la Costa del Sol?
Pasé mi infancia y adolescencia en España, concretamente entre Barcelona y Zaragoza, aunque mi conexión con Andalucía viene de mucho antes. Mi padre es sevillano, así que, de alguna manera, Andalucía siempre estuvo presente en mi vida y quizá no era tan extraño que, con el tiempo, el destino terminara trayéndome hasta aquí.
Curiosamente, fue después de la pandemia cuando decidí instalarme de manera permanente en la Costa del Sol. Como a muchos, el COVID nos hizo replantearnos algunas cosas y también abrió nuevas posibilidades, especialmente gracias al teletrabajo y a una mayor flexibilidad para trabajar desde cualquier lugar.
Y creo que la Costa del Sol reúne muchas de las condiciones para ello: calidad de vida, clima, conexiones internacionales y, sobre todo, un entorno muy abierto y dinámico. Lo que empezó siendo una conexión familiar y emocional con Andalucía terminó convirtiéndose también en una decisión personal y profesional.

En tu perfil señalas que has recorrido cerca de 79 países. ¿Es correcta ya esa cifra? ¿Qué han cambiado tantos viajes en tu manera de ver el mundo y de entender el turismo?
Sí, la cifra es 79 países, aunque siempre digo que los viajes no son una competición de números. Lo importante es todo lo que cada uno de ellos te deja.
El hecho de haber vivido tantos años en Chile me dio la oportunidad de conocer prácticamente toda Sudamérica y también de viajar en varias ocasiones por Estados Unidos y otros destinos de Norteamérica. Los vínculos que existen entre Chile y Estados Unidos, tanto personales como profesionales, hicieron que tuviera muchas oportunidades de conocer ese país.
Por otro lado, mis viajes frecuentes a España me permitieron ir descubriendo poco a poco Europa, aprovechando cada visita para conocer un país nuevo. Siempre he sentido mucha curiosidad por otras culturas, por entender cómo viven las personas, qué nos diferencia y, sobre todo, qué podemos aprender y aportar unos de otros.
Más adelante tuve la oportunidad de viajar por Asia, un continente que me parece fascinante precisamente por esa enorme diversidad cultural. También he recorrido bastante el Caribe, aunque en este caso principalmente por motivos vacacionales.
Australia y Nueva Zelanda fueron otras experiencias muy interesantes. Nueva Zelanda, en particular, me sorprendió porque encontré muchos puntos en común con Chile: los paisajes, la naturaleza, la relación con el océano y esa sensación de estar en países alejados de los grandes centros del mundo. Aunque, eso sí, sus pequeños pueblos me parecieron mucho más desarrollados que muchos de los que encontramos en Chile.
Quizás el continente que tengo menos explorado sea África. Pero ahora que vivo en la Costa del Sol, prácticamente frente a Marruecos, creo que ha llegado el momento de darle una oportunidad.
Y creo que viajar tanto también ha cambiado mi manera de entender el turismo. Cuando conoces muchos destinos empiezas a valorar que un buen viaje no depende solamente de un hotel bonito o de un lugar espectacular. Tiene mucho que ver con la experiencia, con las personas, con la autenticidad y con la capacidad de conectar con la cultura local. Al final, viajar te hace entender que el turismo es, sobre todo, una forma de acercarnos y de conocernos mejor.

Cuando viajar se convierte en profesión
Antes de poner en marcha Los 1001 Viajes has desarrollado una trayectoria profesional diversa. ¿Cuáles han sido sus etapas más importantes y qué aprendizajes te han acompañado hasta tu proyecto actual?
Lo cierto es que mi trayectoria profesional ha estado durante muchos años más ligada al mundo de los números. Soy ingeniera civil industrial y trabajé principalmente en el área de las finanzas. Sin embargo, el turismo siempre me había apasionado desde un punto de vista personal, aunque nunca imaginé que terminaría convirtiéndose también en una parte tan importante de mi vida profesional.
Fue durante la pandemia cuando surgió la oportunidad de colaborar con una agencia de Madrid y ese fue, de alguna manera, mi primer acercamiento profesional al mundo del turismo. La experiencia me permitió descubrir que podía unir dos cosas que siempre habían estado muy presentes en mi vida: mi experiencia profesional y mi pasión por viajar y conocer destinos.
Una vez instalada en la Costa del Sol, me pareció muy interesante crear un puente entre esta región y Chile. Y ese es precisamente el espíritu de Los 1001 Viajes: acercar la Costa del Sol y España al público chileno y, al mismo tiempo, acercar a los viajeros europeos a Chile y a otros destinos de Sudamérica.
Creo que mi mayor aportación está precisamente en conocer ambos mundos desde dentro. Haber vivido en Chile y en España, haber viajado por tantos destinos y entender las diferencias culturales me permite ofrecer una mirada muy personal y, sobre todo, un asesoramiento basado en el conocimiento directo de los lugares.
Los 1001 Viajes nace de esa idea: no limitarse a vender un destino, sino poder recomendarlo desde la experiencia, entender qué busca cada viajero y crear propuestas a medida que conecten realmente con sus intereses.
¿Cuándo y por qué nació Los 1001 Viajes? ¿Qué historia o significado hay detrás de ese nombre y qué representa hoy este proyecto para ti?
Los 1001 Viajes nació precisamente durante la pandemia. Fue una época en la que, como muchos, tuve mucho tiempo para parar y mirar hacia atrás. Empecé a hacer una especie de recorrido personal por mi vida viajera, recordando todos los lugares que había conocido, las experiencias que había vivido y, sobre todo, todo lo que había aprendido viajando.
Y ahí surgió el nombre. Pensé en Las mil y una noches y me pareció bonito trasladar esa idea al mundo de los viajes: historias, destinos y experiencias que se van encadenando unas con otras. Así nació Los 1001 Viajes.
Hoy es un proyecto que me llena por completo porque me permite poner al servicio de otros todo ese conocimiento y experiencia acumulados durante tantos años de viajes. Para mí, un viaje no debería ser simplemente llegar a un destino, sino vivir una experiencia que realmente tenga sentido para quien la realiza.
Y probablemente lo que más me reconforta es el feedback de mis viajeros. Cuando me cuentan que una recomendación funcionó, que descubrieron un lugar que no conocían o, especialmente, que pude ayudarles a cumplir un sueño que tenían desde hacía tiempo, siento que todo tiene sentido.
Creo que esa es la parte más bonita de Los 1001 Viajes: poder compartir mi experiencia para ayudar a otros a crear sus propias historias de viaje.

Hablas de diseñar viajes personalizados y experiencias con alma. ¿Qué significa para ti conocer verdaderamente al viajero antes de construir una propuesta?
Para mí, conocer al viajero es casi tan importante como conocer el destino. Antes de pensar en hoteles, restaurantes o actividades, necesito entender quién tengo delante: qué le gusta, qué espera del viaje, qué ritmo disfruta, qué experiencias le emocionan y también qué cosas prefiere evitar.
No todos viajamos de la misma manera. Hay personas que quieren descubrir un destino intensamente, otras que buscan tranquilidad, algunas priorizan la gastronomía, la naturaleza, la cultura o el vino, y otras simplemente quieren desconectar y sentirse bien atendidas. Incluso dos personas que viajan al mismo lugar pueden necesitar viajes completamente diferentes.
Por eso intento escuchar mucho antes de hacer una propuesta. A veces una conversación te da mucha más información que cualquier cuestionario.
Y ahí es donde creo que está el verdadero valor de la personalización: no se trata simplemente de cambiar un hotel o añadir una excursión, sino de construir un viaje que tenga sentido para esa persona.
Cuando conoces realmente al viajero puedes recomendarle algo que quizá no habría encontrado por sí mismo. Y cuando después vuelve y te dice “era exactamente lo que estaba buscando”, sabes que has acertado.
Para mí, un viaje con alma es precisamente eso: un viaje pensado para la persona que lo va a vivir, no simplemente un itinerario que podría servirle a cualquiera.
Un puente turístico entre Chile y Andalucía
Chile y la Costa del Sol son los dos grandes ejes de tu actividad. ¿Qué tienen en común estos destinos y qué pueden ofrecerse mutuamente desde el punto de vista turístico?
Chile y la Costa del Sol son los dos ejes de mi actividad porque son los destinos que mejor conozco y en los que he vivido. Paso buena parte de mi tiempo entre ambos, lo que me permite mantenerme muy conectada con los dos mercados y tener una visión bastante actualizada de lo que ofrecen.
A primera vista pueden parecer destinos muy diferentes, pero tienen más puntos en común de los que imaginamos. Ambos tienen una enorme riqueza natural, una gastronomía muy interesante, vinos, costa, experiencias vinculadas al bienestar y, sobre todo, una oferta que permite combinar descanso, naturaleza y experiencias de alto nivel.
Chile, por ejemplo, tiene una naturaleza extraordinaria y experiencias muy singulares que creo que pueden ser especialmente atractivas para el público de la Costa del Sol, que está acostumbrado a determinados estándares de calidad y que busca cada vez más viajes diferentes y experiencias auténticas.
Y, en sentido contrario, creo que la Costa del Sol todavía tiene mucho potencial por descubrir entre los viajeros chilenos. He observado que tradicionalmente muchos chilenos que viajan a España concentran sus visitas en Madrid, Barcelona o las Islas Baleares. Sin embargo, la Costa del Sol tiene muchísimo que ofrecerles: clima, gastronomía, cultura, golf, bienestar, compras, pueblos con encanto y una excelente conectividad, además de la posibilidad de combinarla con Andalucía.
Creo que con una comunicación adecuada y dando a conocer todo lo que realmente ofrece la región, la Costa del Sol puede convertirse también en un destino de referencia para el viajero chileno.
Y ahí es donde vuelvo a encontrar el sentido de Los 1001 Viajes: ser ese puente entre dos destinos que conozco personalmente y poder mostrar a cada mercado aquello que creo que puede descubrir y disfrutar del otro.
Desde tu experiencia entre ambos mercados, ¿qué busca el viajero chileno cuando visita Andalucía y qué aspectos de Chile pueden resultar especialmente atractivos para el viajero español?
Creo que el viajero chileno que llega a Andalucía busca, en buena medida, disfrutar de una España diferente a la que ya conoce o tiene más incorporada. Más allá de Madrid y Barcelona, Andalucía ofrece una combinación que resulta muy atractiva: clima, gastronomía, cultura, historia, pueblos con encanto, costa y una forma de vivir más relajada.
En el caso de la Costa del Sol, además, hay un componente que creo que tiene mucho potencial para el mercado chileno: poder disfrutar de una estancia con muy buena oferta hotelera y gastronómica, actividades y experiencias, pero sin renunciar a ese ambiente mediterráneo que invita a quedarse unos días más. Y Andalucía permite complementar perfectamente la costa con ciudades como Málaga, Sevilla, Córdoba o Granada.
Para el viajero español, en cambio, creo que Chile tiene algo muy especial: la posibilidad de vivir experiencias de naturaleza realmente extraordinarias sin renunciar a una oferta turística de alto nivel. Es un país donde en un mismo viaje puedes encontrarte con desierto, viñedos, glaciares, bosques, volcanes, océano y territorios tan singulares como Rapa Nui.
Pero quizá lo más interesante es que Chile todavía tiene mucho por descubrir para el viajero español. Más allá de los destinos más conocidos, hay pequeños hoteles, proyectos gastronómicos, rutas del vino y experiencias vinculadas a la naturaleza y a las comunidades locales que permiten conocer un Chile mucho más auténtico.
Y creo que ahí está precisamente mi papel: no solo decirle a un chileno “ven a Andalucía” o a un español “viaja a Chile”, sino entender qué busca cada viajero y mostrarle ese otro lado del destino que quizá todavía no conoce.

Golf, experiencias y conexión entre mercados
El golf ocupa un lugar destacado tanto en tu vida como en tu actividad profesional. ¿Qué capacidad tiene para generar viajes, relaciones y oportunidades entre mercados internacionales?
Aunque personalmente no juego al golf, desde que vivo en la Costa del Sol he podido entender la importancia que tiene este deporte para el turismo y para la economía de la región. El golf es mucho más que una actividad deportiva: es un importante generador de viajes y, sobre todo, de estancias de mayor duración y con un perfil de viajero que busca complementar el deporte con gastronomía, bienestar, compras, naturaleza o cultura.
Además, tiene una particularidad muy interesante desde el punto de vista profesional: genera relaciones. Muchas personas viajan en grupo para jugar al golf y, alrededor de esa experiencia, se crean vínculos personales y profesionales. Es un entorno muy internacional y la Costa del Sol tiene una posición privilegiada para conectar con esos mercados.
Para mí, como profesional del turismo, lo interesante está precisamente en entender ese ecosistema aunque no sea jugadora. Un viaje de golf puede convertirse en mucho más que una partida: puede incluir una buena experiencia gastronómica, una visita a una bodega, una excursión por Andalucía o unos días de descanso en la costa.
Y creo que también existe una oportunidad interesante para Chile. Tenemos una oferta de golf que puede combinarse con paisajes, vino, gastronomía y naturaleza, y que puede resultar atractiva para quienes buscan experiencias diferentes.
Al final, el golf es otro ejemplo de cómo una afición concreta puede convertirse en una puerta de entrada para descubrir un destino y, al mismo tiempo, generar relaciones entre personas y mercados.

Tres proyectos con un mismo hilo conductor
Tu actividad profesional también está vinculada a Expan Incoming y a Regenera Luxury. ¿Cuál es actualmente tu responsabilidad en cada proyecto y cómo se complementan estas funciones con Los 1001 Viajes?
Son tres proyectos diferentes, pero para mí tienen un hilo conductor común: el turismo, la conexión entre mercados y la creación de experiencias con sentido.
En Expan Incoming trabajo como agente comercial internacional para esta DMC chilena, que cuenta con 30 años de experiencia en el mercado. Mi función está principalmente enfocada en desarrollar relaciones comerciales y acercar la oferta de Chile y Sudamérica a operadores y profesionales del turismo en Europa y otros mercados internacionales. Es un trabajo muy orientado al B2B, a generar contactos y a entender qué busca cada mercado para poder desarrollar propuestas adecuadas.
Regenera Luxury es un proyecto diferente y muy interesante porque está vinculado a una nueva manera de entender el turismo de alto nivel, incorporando criterios de regeneración y sostenibilidad en el desarrollo de los destinos y de la industria. Mi papel está relacionado con el área comercial y de desarrollo en Chile y la Costa del Sol, ayudando a generar conexiones y a acercar este concepto a empresas y profesionales del sector.
Y Los 1001 Viajes tiene un carácter más personal. Es mi proyecto propio y está mucho más centrado en el viajero final, en conocerlo, entender qué busca y diseñar experiencias a medida, especialmente creando ese puente entre Chile y España.
Creo que las tres actividades se complementan precisamente porque me permiten conocer el turismo desde perspectivas diferentes: desde el viajero, desde el desarrollo comercial entre profesionales y desde la evolución de los propios destinos y de la industria.
Además, me obligan a estar constantemente conectada con personas, empresas y proyectos de distintos mercados. Y esa red de contactos y ese conocimiento que voy adquiriendo terminan enriqueciendo también mi manera de trabajar en Los 1001 Viajes.
El nuevo lujo y la regeneración de los destinos
El turismo de lujo está evolucionando hacia propuestas más personales, auténticas y responsables. ¿Qué entiendes tú por lujo y qué papel deben desempeñar la sostenibilidad y la regeneración de los destinos?
Para mí, el lujo ha cambiado mucho. Durante mucho tiempo estuvo asociado principalmente a un hotel extraordinario, a determinados servicios o a elementos materiales. Hoy creo que el verdadero lujo tiene mucho más que ver con el tiempo, la tranquilidad, la privacidad y, sobre todo, con poder vivir una experiencia que realmente tenga sentido para cada persona.
Un viajero puede alojarse en un hotel espectacular y, sin embargo, sentir que la experiencia no ha sido especial. En cambio, un pequeño alojamiento, una comida preparada por alguien del lugar o una experiencia a la que no tiene acceso todo el mundo pueden convertirse en recuerdos mucho más valiosos.
Por eso creo que la personalización y la autenticidad son cada vez más importantes en el turismo de alto nivel. Y la sostenibilidad ya no debería entenderse como un añadido o como algo que se incorpora al final de un proyecto, sino como parte de la manera en que pensamos y desarrollamos los destinos.
Ahí es donde me interesa especialmente el concepto de regeneración. La sostenibilidad busca, en muchos casos, reducir el impacto; la regeneración plantea una pregunta adicional: ¿cómo conseguimos que nuestra actividad turística contribuya positivamente al destino y a las comunidades que lo hacen posible?
Creo que el turismo tiene una enorme capacidad para generar desarrollo económico, preservar patrimonio, poner en valor la cultura local y crear oportunidades para las comunidades. Pero para conseguirlo tenemos que mirar más allá de lo que recibe el viajero y preguntarnos también qué queda en el destino después de que ese viajero se marche.
Para mí, ese es el futuro del lujo: no consumir más, sino vivir mejor; tener experiencias excepcionales sin que eso signifique necesariamente generar un mayor impacto, y conseguir que el turismo sea beneficioso tanto para quien viaja como para el lugar que lo recibe.

Skål como red profesional y humana
¿Cuándo y cómo conociste Skål International Málaga-Costa del Sol? ¿Qué te llevó a incorporarte al club y qué significa hoy para ti formar parte de esta comunidad profesional?
Conocí Skål International Málaga-Costa del Sol a través de las redes sociales, después de ver una publicación relacionada con una premiación. Me llamó la atención y empecé a investigar qué era Skål y qué tipo de actividades realizaba. Incluso me acerqué físicamente a la oficina porque quería conocer el proyecto de primera mano.
Cuando llegué a la Costa del Sol venía prácticamente sin referencias profesionales. Por eso, incorporarme a Skål me pareció una muy buena manera de conocer el sector, darme a conocer y, sobre todo, empezar a crear una red de contactos en un entorno que todavía era nuevo para mí.
Y la verdad es que desde el principio me he sentido muy acogida y respaldada por los socios. Para mí ha sido y sigue siendo un apoyo extraordinario.
He tenido además la oportunidad de participar en distintas actividades y de vivir experiencias que difícilmente habría imaginado cuando me incorporé. He podido asistir en dos ocasiones a FITUR y este año tuve incluso la oportunidad de dar una charla en el stand de Skål sobre enoturismo y turismo de naturaleza en Chile. Para mí fue especialmente bonito porque pude compartir algo que conozco y que forma parte de mi trabajo.
Creo que una de las grandes fortalezas de Skål es precisamente el networking, pero para mí va un poco más allá. Lo siento como una red de amigos dentro del sector, personas con las que puedes compartir conocimientos, abrir puertas, generar colaboraciones y, por supuesto, también hacer negocios.
Y eso es lo que más valoro: que las relaciones se sienten muy genuinas. No se trata simplemente de acumular contactos, sino de crear vínculos que con el tiempo pueden convertirse en amistades, colaboraciones y oportunidades profesionales.

Para terminar, en Skål hablamos mucho del valor de las relaciones personales dentro del turismo. Después de tu experiencia profesional y viajera, ¿siguen siendo las personas y la confianza una parte esencial de esta industria?
Por supuesto. Para mí, el factor humano sigue siendo lo más importante de esta industria. Después de tantos años viajando y trabajando con personas de distintos países, estoy convencida de que el turismo se construye, sobre todo, a través de las relaciones y de la confianza.
Vivimos en un momento en el que la tecnología y la inteligencia artificial están transformando nuestra manera de trabajar y creo que pueden ser herramientas extraordinarias para mejorar la productividad, acceder a información y hacer muchos procesos más eficientes. Pero hay algo que difícilmente pueden sustituir: la calidez de una conversación, la confianza que se genera entre dos personas o la tranquilidad de saber que alguien te está asesorando desde su propia experiencia.
Cuando un cliente confía en ti para organizar un viaje importante, no solo está comprando un servicio. Está depositando en ti parte de sus expectativas, de su tiempo y, muchas veces, de sus sueños. Esa confianza se construye con escucha, conocimiento y trato personal.
Quizás por eso me siento tan identificada con Skål. En un mundo cada vez más digital, poder encontrarnos, conversar cara a cara, compartir experiencias y crear relaciones reales tiene todavía más valor.
Al final, los destinos pueden cambiar, las herramientas pueden evolucionar y la forma de viajar también, pero las personas seguirán siendo el corazón del turismo.