Cuatro hermanos, varias generaciones y una misma forma de entender la gastronomía malagueña
Hablar de Los Mellizos es hablar de una historia familiar ligada al mar, al pescado y a la hostelería malagueña. Una historia que ha crecido al mismo tiempo que la Costa del Sol y que, después de casi cinco décadas, sigue apoyándose en una idea aparentemente sencilla: evolucionar sin perder las raíces.
Hoy, con establecimientos en distintos puntos de la Costa del Sol y una nueva generación incorporándose al proyecto, la familia afronta el futuro con la misma identidad que ha marcado su trayectoria: producto, cercanía, tradición y una manera muy malagueña de disfrutar alrededor de una mesa.
En Voces Skål conversamos con los hermanos Montes sobre gastronomía, turismo, empresa familiar, relevo generacional y los retos de un sector que ha cambiado profundamente sin dejar de mirar a sus orígenes.
Los Mellizos lleva más de cuatro décadas vinculado a la gastronomía malagueña. ¿Qué ha cambiado en estos años en la forma de entender la restauración y qué permanece intacto?
Hoy el cliente es mucho más exigente, está más informado y busca no solo comer bien, sino vivir una experiencia completa. También han cambiado muchísimo las instalaciones, la tecnología, la comunicación con el cliente y la manera de gestionar un negocio. Hemos tenido que adaptarnos a nuevas tendencias, nuevos hábitos de consumo y a un entorno mucho más competitivo.
Pero hay algo que permanece intacto: nuestra esencia. Los Mellizos nació de una familia vinculada al pescado, al mar y a la hostelería, y esa pasión por el producto sigue siendo nuestro principal valor. Desde nuestros comienzos, con nuestros padres Pepe Montes y Loli Montero, hemos mantenido el compromiso con la calidad de la materia prima, especialmente el pescado y el marisco, y con una cocina basada en la tradición malagueña.
También permanece algo fundamental: la cercanía. Queremos que quien nos visita se sienta como en casa y que varias generaciones de una misma familia puedan seguir disfrutando en nuestros restaurantes. Nuestra filosofía es sencilla: evolucionar en todo lo que sea necesario, pero sin renunciar nunca a nuestras raíces.

El pescaíto, los mariscos, los arroces y el producto del mar forman parte de vuestra identidad. ¿Hasta qué punto la gastronomía tradicional malagueña se ha convertido en un atractivo turístico por sí misma?
Sin duda, la gastronomía tradicional malagueña se ha convertido en un atractivo turístico por sí misma. Durante mucho tiempo, el turismo en la Costa del Sol estuvo muy asociado al sol y la playa, pero hoy el visitante busca también conocer el destino a través de sus sabores, sus productos y sus tradiciones.
El pescaíto frito y los espetos son probablemente los mejores ejemplos. No son simplemente platos que comer durante unas vacaciones, sino parte de la identidad y de la cultura de Málaga.
Para nosotros es una responsabilidad muy bonita conseguir que quien viene de fuera pueda descubrir Málaga a través de nuestra cocina. Un buen plato de pescaíto, un arroz marinero, unas gambas o un espeto pueden convertirse en parte del recuerdo que ese visitante se lleva de nuestra tierra. La gastronomía no solo acompaña al turismo: puede ser uno de los motivos para elegir un destino.
La Costa del Sol recibe visitantes que buscan cada vez más experiencias y no solamente sol y playa. ¿Qué papel juega la gastronomía en esa transformación del destino?
La gastronomía juega un papel fundamental porque permite conocer un destino de una manera mucho más auténtica. La Costa del Sol ya no se vende únicamente como un lugar de sol y playa, sino como un territorio con cultura, tradiciones, productos y una identidad propia. Y la gastronomía es una de las mejores formas de transmitir todo eso.
Además, ayuda a diversificar y desestacionalizar el turismo. Una playa depende mucho de la época del año, pero la gastronomía se puede disfrutar durante los doce meses.
Los restaurantes tenemos también una responsabilidad en ese proceso: preservar nuestra identidad y, al mismo tiempo, hacerla atractiva para las nuevas generaciones y para quienes nos visitan desde otros países. Si un turista se va de Málaga pensando en nuestros platos y con ganas de volver a disfrutarlos, estamos contribuyendo a que la gastronomía forme parte de la experiencia de viajar a la Costa del Sol.
Los Mellizos cuenta actualmente con establecimientos en distintos puntos de la Costa del Sol. ¿Cómo se consigue crecer y mantener al mismo tiempo una identidad gastronómica reconocible?
Crecer sin perder la identidad es, probablemente, uno de los mayores retos de una empresa familiar. En nuestro caso, la clave ha sido tener muy claro qué es lo que no queremos cambiar. Podemos adaptar los espacios, incorporar nuevas propuestas, utilizar nuevas herramientas de gestión o abrir en zonas diferentes, pero hay unos pilares que deben permanecer: el producto, la calidad, el servicio y nuestra forma de entender la cocina malagueña.
Cada establecimiento tiene su propia personalidad según su ubicación y su público. No es lo mismo estar en el centro de Málaga, frente al mar en Marbella o en una plaza tradicional de Fuengirola. Pero cuando un cliente entra en cualquiera de nuestros restaurantes debe reconocer inmediatamente que está en Los Mellizos.
Además, nuestra actividad de pescadería nos permite controlar buena parte del proceso desde la compra del producto hasta que llega a la mesa. Y hay otro elemento imprescindible: la familia. La expansión no consiste simplemente en abrir más restaurantes, sino en llevar una misma filosofía a cada establecimiento.

¿Percibís diferencias entre lo que busca el cliente local y lo que busca el visitante nacional o internacional?
Sí, aunque cada vez son menos. El cliente nacional conoce mejor nuestra gastronomía, tiene sus platos favoritos y, en muchos casos, viene buscando aquello que ya forma parte de sus costumbres. Para nosotros ese cliente de toda la vida es especialmente importante: su fidelidad ha sido fundamental para que Los Mellizos haya llegado hasta aquí.
El visitante internacional suele llegar con mayor curiosidad por descubrir los sabores propios de Málaga. El pescaíto frito, los mariscos, los arroces o los platos mediterráneos pueden ser para ellos una experiencia nueva y una forma de acercarse a nuestra cultura.
Pero ambos buscan lo mismo en lo esencial: buen producto, servicio cercano y una experiencia que merezca la pena. Nuestro objetivo es que un malagueño que lleva años viniendo y alguien que nos visita por primera vez desde otro país salgan igualmente satisfechos.
La gastronomía también forma parte de la imagen que un destino proyecta al exterior. ¿Creéis que Málaga y la Costa del Sol están aprovechando suficientemente su potencial gastronómico?
Málaga y la Costa del Sol están haciendo un esfuerzo importante por poner en valor su potencial gastronómico y los resultados empiezan a ser muy visibles. La gastronomía ocupa ya un lugar mucho más importante en la promoción del destino.
Aun así, tenemos mucho margen para crecer. Málaga posee una riqueza enorme: producto del mar y pescaíto, vinos, aceites, frutas, productos de la huerta y una cocina tradicional con muchísima historia. El reto es conseguir que todo ese patrimonio se conozca fuera con la misma fuerza con la que se conocen nuestro clima, nuestras playas o nuestra oferta cultural.
Debemos seguir trabajando conjuntamente instituciones y empresas. Tenemos producto, tradición, talento e identidad propia; ahora hay que convertir todo eso en una marca gastronómica reconocible internacionalmente. Los restaurantes tenemos una responsabilidad importante: preservar esa identidad, transmitirla al visitante y demostrar cada día que la gastronomía malagueña merece estar entre los grandes atractivos de nuestro destino.

¿Qué importancia tiene para una empresa familiar del sector formar parte de una organización profesional como Skål?
Para una empresa familiar como Los Mellizos, formar parte de Skål tiene mucho valor porque nos permite estar conectados con el conjunto del sector turístico, no solo con la restauración. Skål reúne a profesionales de diferentes áreas y facilita el intercambio de experiencias, contactos y oportunidades tanto a nivel local como internacional.
Además, pertenecer a una organización profesional es una manera de seguir aprendiendo. La hostelería está en constante evolución y compartir experiencias con otros profesionales nos ayuda a conocer nuevas tendencias, entender cómo está cambiando el turismo y detectar oportunidades que quizá desde nuestro día a día no percibimos.
El relevo generacional es uno de los grandes retos de muchas empresas familiares. ¿Cómo está afrontando Los Mellizos la continuidad del proyecto?
El relevo generacional lo estamos viviendo de una manera muy natural, porque forma parte de nuestra propia historia. Actualmente somos la segunda generación al frente de la empresa y estamos viviendo la incorporación de la tercera generación, nuestros hijos, al proyecto familiar. Hemos recibido de nuestros padres no solo un negocio, sino también unos valores, una forma de trabajar y una manera de entender la gastronomía que intentamos mantener y transmitir.
La continuidad no consiste simplemente en que una generación sustituya a la anterior. Lo importante es que quienes se incorporan conozcan el negocio desde dentro y comprendan el esfuerzo que hay detrás. Al mismo tiempo, cada generación debe aportar su propia visión y adaptarse a los cambios del momento.
Ahí está una de las claves de las empresas familiares: conservar la esencia sin quedarse ancladas en el pasado. Debemos evolucionar en la gestión, la comunicación, la tecnología y la relación con nuestros clientes.
Para nosotros, el verdadero éxito es conseguir que lo que comenzó como el sueño de nuestros padres siga vivo con la incorporación de la tercera generación, manteniendo la esencia de Los Mellizos, pero permitiendo que cada generación escriba su propio capítulo.
¿Cuáles consideráis que son actualmente los principales retos de la restauración en la Costa del Sol: personal, costes, producto, sostenibilidad, expectativas del cliente…?
Son varios, pero destacaríamos especialmente el personal, el incremento de los costes y la necesidad de mantener estándares de calidad cada vez más altos.
El talento es uno de los grandes desafíos. No hablamos únicamente de encontrar trabajadores, sino de encontrar profesionales cualificados y conseguir que la hostelería sea un sector en el que quieran desarrollar una carrera profesional.
También está el aumento de los costes: materias primas, energía, personal, alquileres… Las empresas tenemos que encontrar el equilibrio entre ser competitivas y mantener la calidad. En nuestro caso es especialmente importante porque el producto es parte fundamental de nuestra identidad y no queremos que el control de costes repercuta en lo que ofrecemos al cliente.
La sostenibilidad tendrá cada vez más peso: ser más eficientes en agua y energía, reducir el desperdicio alimentario y utilizar los recursos responsablemente.
Pero todos estos retos son también oportunidades. La Costa del Sol vive un momento de enorme atractivo turístico y la gastronomía tiene mucho que aportar. El reto es crecer de manera sostenible, profesionalizar cada vez más el sector y conseguir que ese crecimiento vaya acompañado de calidad y buenas experiencias para el cliente.
Si tuvierais que recomendar a un visitante un solo plato para entender la esencia gastronómica de Málaga, ¿cuál sería y por qué?
Si tuviéramos que elegir uno, probablemente recomendaríamos una buena fritura malagueña. Es difícil encontrar una propuesta que represente mejor nuestra relación con el mar, con el producto y con nuestra manera tradicional de comer. El pescaíto frito es, junto al espeto, uno de los grandes símbolos gastronómicos de Málaga.
La fritura tiene además algo que encaja mucho con nuestra forma de entender la gastronomía: producto fresco, una buena técnica y muy pocos artificios.
Y es un plato para compartir. La gastronomía malagueña tiene mucho de reunirse alrededor de una mesa, pedir varias cosas y disfrutar juntos. Una fritura representa precisamente eso: el mar, la tradición, la sencillez y el carácter abierto y familiar de Málaga.
Si pudiéramos acompañarla de un espeto, tendríamos prácticamente una pequeña representación de nuestra identidad gastronómica. Pero si solo podemos elegir uno, nos quedamos con el pescaíto frito.